El espionaje ruso suplantó a un ministerio español: la campaña HOOKEDGE y la ciberguerra entre estados
Lo intentaron en tu país y no se dieron cuenta hasta meses después. La GRU, la inteligencia militar rusa, lanzó una campaña de ciberespionaje contra España, Rumanía y Turquía. El señuelo más descarado suplantaba al Ministerio de la Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes. El objetivo: colarse en redes gubernamentales y diplomáticas. Lo cuenta Recorded Future en su informe sobre la operación, bautizada HOOKEDGE.
El truco era antiguo, pero funcionó. Un documento de Word con macros activadas, disfrazado de agenda de una reunión real entre funcionarios españoles y moldavos celebrada en septiembre de 2025. El documento apareció justo antes de las elecciones parlamentarias de Moldavia. Esa precisión delata algo incómodo: quien lo fabricó tenía visibilidad casi en tiempo real de la actividad diplomática europea.
El ciberespionaje entre estados ya no es cosa de laboratorios. Es la guerra que no se declara. China entra en departamentos estadounidenses, Irán paralizó una planta eléctrica británica durante cuatro días, y Rusia se pasea por redes de la OTAN. España no es un espectador: es un objetivo.
España está en el tablero
Que sepa que estaba siendo atacada y que haya salido a la luz es, en cierto modo, buena noticia. Significa que los sistemas de detección funcionan y que el país cuenta con capacidad real de respuesta. El Ministerio de Defensa, a través del Mando Conjunto del Ciberespacio (MCCE) y su equipo de respuesta ESPDEF-CERT, vigila las redes militares los 365 días del año. No es propaganda: es trabajo silencioso y constante.
El Estado no se ha quedado quieto. En 2025 el Gobierno aprobó un refuerzo de ciberseguridad y ciberdefensa con 1.157 millones de euros, el 60% ejecutado por el CNI-CCN, el MCCE y el CESTIC. España es, según la Unión Internacional de Telecomunicaciones, el segundo país del mundo con más centros de ciberseguridad, solo por detrás de Estados Unidos.
Hay ambición, y con razón. El MCCE quiere triplicar sus 500 efectivos hasta 1.500 para 2030. Impulsa un sistema de armas propio, el SCOMCE, desarrollado con Indra por 160 millones. Y fue designado por la OTAN para albergar la plataforma de simulación de su mayor ejercicio cibernético, el Cyber Coalition, un hito que en su día logró Estonia y que aquí llega con el empuje de la industria nacional.
La lección que no deberíamos olvidar
La campaña HOOKEDGE tiene una moraleja que favorece al defensor: era técnicamente simple. Un script de Windows, un navegador Edge en modo oculto, un servicio web de desarrollo gratuito como vía de mando y control. Nada de cero días espectaculares. Se detecta bloqueando macros de documentos descargados de internet, vigilando tareas programadas sospechosas y marcando instancias anómalas del navegador.
La brecha no está tanto en la tecnología como en su despliegue. Y ahí el compromiso de España con la ciberdefensa es la apuesta correcta: soberanía tecnológica, industria propia y personal formado. Porque como dijo quien manda en el MCCE, sin seguridad no hay soberanía y sin dominio tecnológico tampoco.
Los estados se vigilan entre sí. Que España sepa defenderse no es prepotencia: es responsabilidad. Y esta vez, el país lo está haciendo.
Fuentes: Recorded Future (Insikt Group), Security Affairs, The Hacker News, Computerworld, nota de prensa del Ministerio para la Transformación Digital (2025).
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